BIENVENIDO/A

Espacio de relajación y reflexión, el diván tiene sus orígenes en la antigüedad al discurrir a largo de las paredes de las viviendas romanas más acomodadas y constituir en la arquitectura palaciega islámica una estancia privada común para el reposo y el deleite.

"El diván de Nur" viene a ser un lugar virtual para la catarsis que provocan enclaves, historias, vidas, ciudades, sitios y paisajes del mediterráneo.


Una mirada introspectiva, retrospectiva y exploratoria por al-Andalus, el Magreb y la diversidad cultural del Mare Nostrum de una historiadora en permanente búsqueda

martes, 5 de noviembre de 2013

Niebla andalusí


Hace algunos años que yendo a Huelva desde Sevilla en tren, me sorprendieron las murallas rojizas de Niebla sobre el vinoso Río Tinto. Sabía de la importancia de esta ciudad andalusí, pero me prometí volver para recorrer su cerca y principales vestigios de manera sosegada. Así lo hice en estos días de Noviembre coincidiendo con el municipio en fiestas y con una feria franca medieval. 

El asentamiento de Niebla se remonta a la época romana en la que el municipio (Ilípula) llegó a acuñar su propia moneda y del que aparecieron testimonios arqueológicos junto a la Puerta de Sevilla así como sillares reaprovechados en la cimentación y el refuerzo de las torres de la muralla. Fue también llamada Elepla por los visigodos en cuyas principales iglesias se documentan materiales arquitectónicos de posibles basílicas. 
Pero no es sino entre los siglos VIII y XIII cuando se convirtió en capital de una importante cora, (كورة) que según al-Udri tenía "terrenos llanos, magníficas pieles teñidas de rojo con un curtido especial y toda clase de productos en sus tierras de labor", destacando especialmente las uvas. Sin duda Niebla desde antaño había sido una población agroganadera, centro manufacturero y núcleo comercial bien comunicado por su privilegiada conexión entre la campiña y el mar. 
 
Murallas de Niebla
Llamada por los geógrafos andalusíes Libla al-Hamra ( لبلة الحمراء) sufrió el ataque de los piratas vikingos que desde Lisboa embarcaron en la isla de Saltés y Huelva cometiendo devastadoras expediciones. 
Durante la época omeya vio nacer a personajes destacados del mundo de las letras y las ciencias como los antepasados de Ibn Hazm y el geógrafo al-Bakri.

Probablemente construida durante la etapa emiral y levantada sobre restos de una basílica visigoda, Niebla conserva los vestigios de su mezquita aljama, luego convertida en Iglesia de Santa María de la Granada, recordando así a la de Almonaster por la reutilización de materiales. De esta primera mezquita el alminar, embutido en la torre de la actual iglesia y fechado entre finales del siglo IX y comienzos del X, mantiene la escalera circular. Esta tipología de escaleras de caracol en torno a un machón central la vemos en los alminares de S. Juan y Santiago de Córdoba  antes de que el califal de la aljama cordobesa supusiera una revolución al emplear escaleras rectilíneas y servir de precedente al resto de los oratorios andalusíes.  

Alminar de la mezquita aljama de Niebla. Iglesia de Sta Mº de la Granada.

Absorbida por la taifa sevillana a finales del siglo XI, Niebla formó luego parte del dominio almorávide, corto período en el que se fechan las murallas probablemente hacia 1125 y 1139 cuando en al-Andalus se implanta el tatib, impuesto para la reconstrucción de las mismas. Situado en un promontorio, el recinto adopta forma elíptica con una ligera pendiente hasta quebrarse bruscamente al llegar a un meandro del Río Tinto. Se dice que es el mejor conservado de al-Andalus por su integridad al mantener en muy buen estado sus lienzos y la mayor parte de las puertas. Adaptada a la topografía del terreno, la cerca tiene unos 2 kilómetros de perímetro no disponiendo de barbacana ni torres albarranas, siendo el propio río Tinto el que sirve de defensa natural por el Sur. 


Al divisar las murallas de Niebla, me venían a la mente tramos de las medinas de Fez, Marrakech e incluso Sevilla, por la técnica del tapial. Y no es de extrañar ya que no era ajena al tráfico de confluencias e influencias con el Mediterráneo.

Las torres cuadradas macizas a ras del adarve de la muralla y su secuenciación me recordaban también a Madinat al-Zahra o e incluso a las de la medina cordobesa. Edificadas en tapial rojo se aprecian refuerzos de sillería en las esquinas y algunas hiladas de ladrillo. Las torres octogonales en vértices también están presentes en los recintos de Jerez o Cáceres. Pero indudablemente lo más sorprendente del recinto es el magnífico estado de las puertas con sus bovedas, gorroneras  y la decoración de los arquillos ciegos en la Puerta del Buey o la de Sevilla. Flanqueadas por dos torres, sus accesos son arcos de herradura con entradas en recodo. Se conservan cinco, destacando la del Buey y Sevilla por su semejanza y la del Socorro por la que accedió Alfonso X. 
Por un momento también quise también ver en ellas las puertas del ribat de Monastir, (Túnez) edificado en los siglos XI y XII.


Puerta del Buey. Murallas de Niebla.

Puerta principal. Ribat de Monastir. Túnez

Como hemos venido comentando, aparte de la muralla, la mezquita aljama se transformó en el siglo XII en un oratorio de cinco naves del que pervive un mihrab de planta pentagonal y un patio del que pueden verse algunas de las arquerías relacionadas con saqa'if o altillos femeninos para seguir la oración. Su superficie similar a la aljama de Badajoz y superior a la de Almonaster, pudo albergar a unos cuatrocientos-quinientos fieles



Arquerías en el patio de la mezquita aljama. Iglesia de Sta Mª de la Granada.

Arco polilobulado apuntado de acceso al antiguo oratorio de la mezquita aljama de Niebla.
No menos interesante es la Iglesia de S. Martín, una mezquita menor, que con la conquista cristiana, Alfonso X la cedió a la comunidad judía para utilizarla como sinagoga. 
Su estado quasi arqueológico resulta llamativo al estar en pie sólo la portada mudéjar, la torre, las espadañas y la cabecera ya que las naves fueron destruidas en el año 1922 para poder facilitar el tráfico rodado. El monumental ábside central irrumpe majestuoso con dos tramos de bóveda de crucería al que se anexionan dos capillas cuya orientación posee connotaciones almohades.

Restos de la Iglesia de S. Martín. Antigua mezquita de arrabal y posterior sinagoga.
La prosperidad andalusí de Niebla prosiguió hasta más allá de la época almohade, ya que supo incluso convertirse en capital de una taifa independiente entre los años 1234 y 1262, como último baluarte de occidente de la península, extendido desde la desembocadura del Guadalquivir al Cabo de S. Vicente y Sierra Morena. 
A Alfonso X el Sabio le interesaba mantener con Niebla relaciones de vasallaje no sólo como freno a la expansión del reino de Portugal sino como modo de obtención de tributos.
Pero finalmente el Rey Sabio decidió asfixiar a la población hasta al último momento al participar incluso él mismo en su asedio y rendición en el año 1262. Aunque no hay constancia documental, probablemente sería una de las primeras veces que se utilizaría la pólvora y también la primera victoria de expansión territorial en el Oeste del monarca cristiano.
 
El alcázar andalusí acabó siendo entregado un siglo después al los Guzmanes quienes lo repararon y construyeron en parte la mayor parte de las dependencias trayendo a alarifes mudéjares. Una comunidad que engrosó una aljama ya preexistente en el siglo XIV lo que implica que no todos los musulmanes tal vez no fueran expulsados con el proceso de conquista como en el resto de las ciudades andaluzas y cuyas relaciones con los conquistadores se regularían a través de unas ordenanzas.

Fuera ya de este contexto, cierro este post con un dulce sabor del Algarve probado en Niebla. Una delicia de orígen andalusí que me vendió un pastelero portugués de Portimao. Aunque la llamaba "leite frito" (leche frita), su aspecto y receta se asemeja a las almojábanas.

Al Turtusi señala que durante el Jueves Santo los musulmanes andalusíes tenían por costumbre comprar buñuelos y almojábanas, dulces de sartén que hacían los cristianos. Las almojábanas eran unas tortas con masa con harina, queso, huevo y azúcar. Ya el propio término جبن Yubn (queso) las traduce como quesadas o quesadillas. Los tratados gastronómicos reconocían las de Jerez, de las que no quedan hoy ni rastro aunque he aquí una imagen de las de Ogíjares en la Vega de Granada que gozan de bastante popularidad.

 
Almojábanas


Referencias bibliográficas

ARJONA CASTRO, A. Nuevas aportaciones al estudio de las coras y toponimia de Al-Andalus". Boletín de la Real Academia de Córdoba de Ciencias, Bellas Letras y Nobles Artes, Año LIII, enero-junio 1983, n.104, 1983
CAMPOS CARRASCO,J, GÓMEZ TOSCANO, RODRIGO CÁMARA, J. Arqueología urbana en el conjunto histórico de Niebla (Huelva): Carta del riesgo. Sevilla: Consejería de Cultura, 1997.
CAMPOS CARRASCO, J; RODRIGO CÁMARA, J; VIDAL TERUEL, N. "El urbanismo de Niebla desde la protohistoria hasta el mundo moderno". Huelva en su Historia, N.9, 2002
ROLDÁN CASTRO, F. Niebla musulmana : siglos VII-XIII. Huelva: Diputación Provincial, 1993.
 
©Virginia Luque Gallegos. Todos los derechos reservados. Citar el blog si se toma como referencia.

miércoles, 21 de agosto de 2013

El baño de Zarieb. Una novela aljamiada ambientada en la Córdoba de Almanzor.


Hace años que me vengo interesando por una corta novela aljamiada llamada “El Hadith del Baño de Zarieb o Ziryab” que a pesar de ser un texto literario, nos ofrece interesantes aportaciones que nos ayudan a entender cómo pudo edificarse un hamman público andalusí así como cierta información sobre productos, servicio, estancias u ornamentación  no tan conocidas y muy valiosas para el proceso de edificación de estos establecimientos a finales del califato. 

La novelita forma parte de un relato de ficción de la literatura aljamiada escrita  o producida por mudéjares y moriscos en romance con caligrafía árabe.

El manuscrito original fue reproducido por P. Gil, J Ribera y M. Sánchez en Colección de textos aljamiados, Zaragoza, 1888, págs. 97-114. Asín Palacios hizo un análisis crítico al demostrar que no se trataba de una traducción aljamiada de un texto en árabe andalusí sino de una adaptación al romance de un cuento árabe oriental, probablemente procedente de una recopilación de al-Qurtubi. 

Previamente Eduardo de Saaverdra la transcribió en el núm 88 de la revista, El mundo ilustrado. Así que sin más, veamos un fragmento del texto con algunas adaptaciones a fin de que sea comprendido y disfrutado.

(…) Zarieb dijo: “Yo quiero hacer un baño con cuatro departamentos. Que haya debaxo de la tierra cañerías de cobre. Que tenga figuras de latón en forma de ave con ojos de vidrios bermejos y lancen el agua fría por sus bocas. Que haya además otras figuras de vidrio que lancen el agua caliente por sus bocas.

“Que haya en medio del baño un estanque con figuras de pavos, gacelas, leones de cobre y que lancen el agua caliente dentro. Que otros lancen el agua fría y puedan sacar agua sutilmente del estanque”.Que se encuentren de todas figuras de animales del mundo, y que también lleve un crucero de bóveda con estrellas plateadas y fondo de azul cárdeno”.  

Y dixeron los maestros: “Nosotros lo tomaremos en la manera que has mandado, por veinte mil doblas de oro”. Llegó el mancebo Zarieb y comenzaron a trabajar todos los maestros de Córdoba. Fue obrado el baño, de modo que no se veían allí, sino maestros, pintores y piqueros. Puso así servidores de mandiles y de perfumes y dixoles..“Yo os daré a cada uno por mes cuatro dirhemes"
  
Después de dos años, la obra fue acabada. Zarieb miró el baño, quedó pasmado y mandó escobarlo y fregarlo con cal viva, serraduras y ramas de gavardera[1].
 
Metieron cirios, blandones de cera, esteras y al exterior mandó hacer tiendas. Luego puso en el baño, moços sirvientes que no tenían barbas y díxoles: "Cualquiera que venga, dadle tierra, alheña, corteza de nogal para los dientes y aguarras. No toméis paga de ninguno; si no yo colgaré su cabeza a la pueta del baño"

"Servid y honrad a toda persona y cuando anochezca, limpiad el baño" E hizo pregonar por Córdoba: "Que toda persona que venga al baño de Zarieb, no pague nada (...)

Sala caliente del baño de Santa María. Córdoba. 
Hammam de fines del califato, época en la que está ambientada la novela aljamiada 
"El baño de Zarieb".
El arabista Manuel Ocaña Jiménez citó un fragmento del Baño de Zarieb en su discurso de ingreso como académico numerario de la Real Academia de Córdoba en Febrero de 1971 demostrando así un importante valor para el conocimiento sobre mano de obra para  edificaciones como la propia mezquita. 
He aquí un extracto del mismo:

Yo quería fazer un baño con cuatro casas; y que aya debaxo de la tierra cañones de cobres i de plomo que dentre el agua fría a la casa caliente i que salga el agua caliente a la casa fría; i en somo de cada cañón figuras con ochos de bidrio bermecho i otras figuras de allatón de abes que lancen el agua fría por sus picos i otras figuras de bidrio que lancen el agua caliente por sus picos; i en las paretes clabos de plata blanca; i sea todo el baño con tioles de oro i de plata con escribturas fermosas; i que sean las piedras mármoles puestas macho con fenbra; i que aya en medio del bario un alçihrich con figuras de pagos i de algazelas i leones de cobre i de mármol colorado que lancen el agua dentro en la gihrich i otros que lancen el agua fría; i que puedan sacar agua sutilmente de la cihrich; i que sean los logares del alwadhu de bidrio colorado i las casas del alwadhu pintadas i deposadas con ladrillos i con oro i plata i azarcón i clabos de archén, de manera que se trobe en el baño de todas figuras de animales del mundo; i que aya en el bario mançanas roldadas de oro i de perlas preciosas i safires i esmeraldas; i que aya allí un cruzero de bóbeda con estrellas archentadas i el canpo de azul cárdeno, i que aya una gran sala i muy alta con fines traches de cuatro partes i con palacios i con grandes perchadas. 

I dixieron los maestros: Nosotros lo tomaremos en la manera que as nonbrado por beyte mil doblas de oro. I fuese el mancebo cantidad de una ora i bino con toda la cantidad. I comencaron a obrar todos los maestros de Córdoba. I fue obrado el bario, que no emiraban ni edentraban sino los maestros o pintores o piedrapiqueros. I eran los mayorales de la obra cuarenta personas,i  obraron a porfidia unos por otros por beier cuál faría mechor obrache. I después de dos años la obra fue acabada”

©Virginia Luque Gallegos. Todos los derechos reservados. Citar el blog si se toma como referencia. 


[1] Rosal.
 

sábado, 13 de julio de 2013

Tánger. Espíritu internacional


Vuelvo a Tánger y me resulta muy difícil definir cómo esta ciudad de tantos contrastes  me incita a regresar. No he logrado hallar las razones que me llevan a ello pero siempre en mi retina han quedado clavados sus contornos blancos y colinas que se avistan cuando el barco se aproxima a puerto. En mi adolescencia, desde las playas de Barbate ya sentía curiosidad por saber qué deparaba aquella imagen blanquecina a la par tan misteriosa y cuyas ondas llegaban a mi transistor con un dialecto árabe y algunas palabras en español o francés. El destino me ha recompensado con su visita, múltiples retornos y sobre todo con el dulce placer de disfrutar de veladas y paseos con buenos amigos.  

En todo este tiempo he aprendido a valorar que Tánger no debe considerarse ciudad comercial de paso sino que su capacidad camaleónica de transformarse desafía al movimiento y a la percepción deparando múltiples miradas que han de captarse. Fronteriza, mediterránea, sincrética, portuaria, bulliciosa y alegre, Tánger simboliza la apertura “iftitah” ( افتتاح ) como entrada a África y al Magreb a la vez que sigue congregando a gentes de todas partes del mundo como se detecta en su fisonomía urbana al albergar consulados, embajadas y residencias de distintos países. 

De hecho y desde el tratado de Algeciras que supuso el reparto de África, entre los años 1923-1956 la ciudad gozó de un status especial llegando a ser gobernada por una comisión internacional de seis países (Portugal, Francia, Italia, España, Inglaterra, Países Bajos). Sus cafés, casinos, cabarets y hoteles acogieron a espías, aventureros, comerciantes, diplomáticos y artistas como Bowles, Capote, Tennessee Williams o  Jean Genet, atraídos por un encanto al que se ya se rindieron Delacroix, Fortuny o Matisse. De hecho, circula una leyenda que apunta que la película Casablanca interpretada por Humphrey Bogart e Ingrid Bergman, fue la internacional y cosmopolita Tánger.

Este tema conocido y tratado magníficamente por autores como Lepoldo Ceballos y Rocío Rojas-Marcos me ha llevado a reencontrarme con lugares tocados por la inspiración, el testimonio, el recuerdo y el tributo a aquellos años.


Marshan, barrio a unos quinientos metros de la puerta de la Kasba abre su horizonte a la inmensidad del atlántico desde las panorámicas vistas de una necrópolis púnica-romana. Los tangerinos pasan las tardes sentados en las fosas divisando un estrecho que casi parece tocarse y desde donde puede apreciarse de manera nebulosa, la ensenada de Bolonia. Justo al lado, una pintoresca calle conduce al mítico Café Hafa fundado en 1921. 

Atravesando su humilde puerta no se espera la potente irrupción de  un  abrupto acantilado. Desafiando a la gravedad, terrazas en paralelo salpicadas por agradables arboladas invitan a quedarse todo el tiempo posible para evadirse serenamente mirando las columnas de Hércules. Paul Bowles volvía siempre que podía para seguir soñando bajo el deleite de un té verde con hierbabuena. De manera que Hafa pese su simplicidad arquitectónica y ante el poder paisajístico que otorga una espectacular caída libre al océano sigue conservando un magnetismo cautivador al que sucumbieron también los Beatles, los Rolling Stones, Sean Connery, Churchill o los propios marroquíes Mohamed Choukri o Tahar Ben Jelloun.


Terraza del Café Hafa al atardecer

De Marshan regresamos a la medina para depararnos nuevas sorpresas. Cerca del zoco chico, una pequeña calle conduce a la mellah o judería tal y como nos advierten las joyerías y una antigua sinagoga convertida en sede de la Fundación Lorin donde pueden hallarse fotografías de este periodo cosmopolita de la primera mitad del siglo XX. Salpicada por algunas fondas, las calles nos adentran a una bifurcación laberíntica que esconde el edificio de la Legación Americana. Regalado en 1821 por el sultán Mulay Slimane al presidente nortamericano James Monroe, sirvió de sede diplomática estadounidense si bien hoy es un museo que acoge una interesante colección de artistas que retrataron paisajes y costumbres marroquíes como James Mcbey, Delacroix, Fortuny o Kokoscha. Uno de sus elegantes salones conduce a una pasarela que atraviesa la calle desembocando a un inmueble de estilo hispanomorisco dedicado al legado de Paul Bowles. Inspirada en la habitación de su vivienda, su sala dispone de recuerdos fotográficos, correspondencia, biblioteca así como su trabajo de exploración musical que llevó a cabo por distintas regiones de Marruecos en el año 1959.

Truman Capote, Jane y Paul Bowles en Tánger. 1949.


Edificio hispanomorisco anexo a la Legación Americana que conserva el legado de Bowles en Tánger


En el corazón de Tánger, el gran zoco o la Plaza 9 de Abril, se revive el espíritu internacional merced a una confluencia de fundaciones y partenariados de distintos países cuyas contribuciones salvaron el ruinoso cinema Rif para convertirlo en un interesante proyecto. La cinemateca de Tánger abrió sus puertas gracias a la labor de una activa asociación que pretende apoyar la cultura cinematográfica sin incurrir en la hegemonía de las películas comerciales. 



Espacio mixto dispuesto de café, terraza, biblioteca-cinemateca, salas de proyección y áreas para actividades paralelas, aporta tintes de vanguardia y modernidad a la ciudad. Una especie de Cinema Paradiso con aire melancólico y una muestra más de que Tánger invita nuevamente a quedarse, al menos para hacer una parada en el tiempo por los tres inspiradores lugares que acabamos de pincelar. 

Cinemateca de Tánger

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domingo, 5 de mayo de 2013

El inconsciente poder del té en el Magreb


Siempre me pregunto por qué no sabe igual un té en el Norte del Mediterráneo que en cualquier lugar del Magreb. Y es que tomarlo en el mundo árabe adquiere una significación muy profunda ya que sella compromisos y alianzas, suaviza tensiones y otorga hospitalidad y amistad a quienes traspasan moradas.

Un sinfín de actitudes inconscientes  comienzan desde su elaboración hasta levantar la tapa de la tetera para echarla en ebullición sobre ramos de hierbabuena. Misterio de un ceremonial repetido constantemente y que forma parte de un universo propio y cotidiano.

A pesar de que el té, es bebida relativamente reciente e implantada desde el siglo XIX, fue rápidamente absorbida hasta constituir uno de los distintivos costumbristas de las culturas islámicas.


Los marroquíes siempre bebieron infusiones de menta, verbena o ajenjo, hierbas de conocidas propiedades purificantes y digestivas acompañadas por tomillo o azahar que enseguida asumieron los beneficios de la nueva planta [1].


Un hábito que también compartían andalusíes durante la Edad Media al consumir un variado repertorio de tonificantes como “Al-farah” (alegría), mezcla de canela, clavo, menta, hojas de cidro, áloe, laurel envuelta en una bolsita de tela que luego hervía en la marmita.




El , por tanto, adquirió pronto el valor de un bien preciado. Al menos así nos lo da a entender Paul Eugene Blache que en un viaje a Marruecos en 1859 se sorprendía al ver cómo algunos de sus habitantes lo guardaban recelosamente en cofres cerrados por llaves que sacaban cuando lo tomaban y volvían a esconder en espacios ocultos de las casas.

La costumbre se extendió tanto que con menta es hoy la bebida más característica del país y en casi ninguna casa por muy modesta que sea, falta un juego compuesto por una bandeja-mesita “seniya”, vasitos de cristal siempre superiores al número de personas, tetera, un azucarero y una “meracha” o perfumador con agua de azahar. Su preparación y servicio obedece a una serie de reglas  hasta el punto de que en bodas y recepciones ostentosas se encarga a un especialista que conoce los ingredientes, proporciones exactas, temperatura idónea y la artificiosidad de escanciarlo. 


Como aquel venenciador que eleva lo más alto posible el néctar de Baco, se vierte el líquido desde una cumbre que choca con el vaso sin salpicar en un ambiente de absoluto silencio, concentración y calma.

En espacios domésticos, las mujeres suelen oficiar el ritual no rechazable ya que con este gesto se invita al hermanamiento, a la convivilidad y a la bienvenida, lema que queda inscrito hasta en el borde de algunos vasitos de te: “ahlan wa sahlan”.


El escanciador o escanciadora retorna el vaso a la tetera varias veces  y llega el momento de invitar al sentido del olfato aspirando una sabia mezcla de fragancias dependiendo del anfitrión: limón, sándalo, jengibre, azahar, geranio, mejorana o  hierba luisa. 

No sabemos si el gusto por el jengibre hunde sus raíces en la bebida que probarían los creyentes en el paraíso cuya sura setenta y seis dice: “En él se escanciará un vaso en cuya mezcla habrá jengibre”.[2] En todo caso siempre fue una de las especias más apreciadas en las cocinas más refinadas desde tiempos remotos.[3]

A veces, la primera hoja de la flor de naranja suele guardarse con ámbar en cajitas de plata , valioso acompañante que desprende aromas incitadores para beberlo.

La alta temperatura del té y la cuidada parsimonia de la espera, dignifican el sabor de la bebida a pequeños sorbos que la sobredimensionan si es acompañada de dulces diversos. 

Y así, al decir “allah bi’taiki al-saha” no sólo disfrutamos de la exquisitez del té elogiando a quien lo ha preparado, sino se cierra de este modo, un ritual redundante y nada anodino, hasta la espera de gozar de la siguiente invitación
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[1] HAL, F. Les saveurs et les gestes. Cuisines et traditions du Maroc.Paris.Stock. 1996.

[2] El Corán. Trad. Juan Vernet. Óptima. Barcelona. 1999.


[3] GARCÍA SÁNCHEZ, E. “Especias y condimentos en la sociedad andalusí. Prácticas culinarias y aplicaciones dietéticas”. El sabor del sabor: hierbas aromáticas, condimentos y especias. Universidad de Córdoba. Córdoba. 2004.

martes, 26 de febrero de 2013

OUJDA, la inesperada


La Región Oriental resulta desconocida para los viajeros que acostumbren visitar ciudades imperiales de Marruecos como Fez, Marrakech, Rabat o Meknes. Si bien es cierto que una semana no da para hacer una descripción adecuada, me limito solamente a bocetar impresiones en este viaje que por razones de trabajo casi pudo considerarse de paso.
Desde la frontera de Beni Ansar, junto a Melilla, el trayecto que bordea la costa mediterránea se hace bastante ameno. Entre algunos declives, que desvelan la belleza del mediterráneo, asoma Nador y el Cabo de Agua donde pueden divisarse las Islas Chafarinas, tres pequeñísmos islotes de soberanía española y en los que en alguno de ellos se avista un acuartelamiento militar.

Mi destino era Oujda, a unos quince kilómetros de la frontera con Argelia, hoy cerrada. Antes de llegar a la capital de la región oriental, llama la atención un reciente complejo resort cerca del pueblo de Saidía en cuyos alrededores hay una carretera la que sirve de límite entre Marruecos y Argelia. Como las relaciones diplomáticas de los dos países están rotas y  no hay puestos fronterizos, al menos no demasiado cerca, la calzada suele ser punto de encuentro de algunas familias mixtas. Traspasando bosques, acantilados y litoral, empiezan a proliferar llanuras a medida de que avanzamos hacia el interior, cuyas dehesas dejan pastar a los corderos más afamados del país. 

En el pueblecito de Beni Drar tienen su templo gastronómico. Parada obligada para los amantes de una buena carne, se convierte en el más destacado punto de aprovisionamiento de Oujda y la región oriental. Las reses frescas, colgadas y recién sacrificadas pululan por doquier.  De hecho las carnicerías sirven también de asadurías-restaurantes donde poder degustar los diferentes manjares a la brasa. Y sobre todo las columnas de humo de barbacoas dan a este municipio un olor y una imagen característica, difícilmente olvidable. No hay excusa para no probar el cordero del que se aprovecha prácticamente casi todo poniéndose a la parrilla sesos, higados, costillas, corazón, costillas, cabeza y otras partes del animal. 

Beni Drar. El municipio de la Región Oriental donde encontrar quizás el mejor cordero de Marruecos

Si accedemos a Oujda, a simple vista sin penetrar en la medina, resulta difícil creer que sea una ciudad milenaria por su aspecto radiante y moderno. Con más de medio millón de habitantes aproximadamente, su ensanche resulta bien cómodo y ordenado a juzgar por su plano donde aparecen amplias avenidas y espacios verdes como los jardines de Lalla Maryam rodeando las murallas y el Parque de Aïcha donde se ubica el Museo etnográfico. Elegantes edificios franceses de principios del siglo XX conviven con recientes inmuebles en la capital de la región Oriental. Entre ellos el primer instituto de enseñanza secundaria del país, levantado en el año 1915.

Si bien es cierto que su medina no conserva una potencial monumentalidad, Bab al Gharbi da paso a calles muy animadas. El alminar de la mezquita aljama empieza a divisarse siendo precedido por las tres fuentes y por un pequeño arco-pasadizo. El oratorio, es el monumento más antiguo del conjunto histórico, edificado en los primeros tiempos de la dinastía meriní (1298). Como también de ese periodo datan sus murallas y Bab al- Wahab a pesar de ser reconstruida a finales del siglo XIX.  

Mezquita aljama en la Medina de Oujda
Una vez en el interior, pululan tiendas de hilos de sedas, cinturones de brocados, kaftanes de gala y puestos de chilabas que nos advierten por un lado, que Oujda tiene tradición musical como posteriormente precisaremos y que gracias a la lana de las ovejas que pastan por sus dehesas hay surtido de las tradicionales pellizas con mangas largas capucha, propias de zonas montañosas de Marruecos, donde el frío apremia.
No faltan las tiendas de joyas y filigrana, ni tampoco algunos productos alimenticios como los dátiles de la provincia de Figuig. Deliciosos con un inigualable sabor, se caracterizan por su pequeño tamaño, su color amarillento y por no ser nada pegajosos.  No tienen nada que envidiar a los tunecinos de Douz, los argelinos o incluso los jordanos. De hecho acompañan el característico cus-cús de la región llamado al- Tâam bi-l S'men.
Saber leer en árabe el cartel que los ofrecía, me hizo ganar la simpatía de su vendedor. De manera que cada vez que me perdía por la medina y volvía sin querer a la plaza donde estaba su puesto, éste siempre me saludaba, regalándome unos cuantos.

Concurrida tienda de hilos de seda en la medina de Oujda
Insisto nuevamente en que chapurrear algo y tener unas nociones básicas de la lengua semítica, abre más puertas de las que pensamos. Provoca sonrisas, palmadas en la espalda, conversaciones iniciales, apretones de manos y si se prorroga la cosa, incluso hasta un té que lógicamente se siempre se agradece. Té que en la región oriental se suele servir en vaso pequeño y con la hierbabuena en la tetera, a diferencia de los grandes vasos de Tetuán, Tánger y Chefchaouen, inundados de las hojas verdes tan tonificantes.

Apreciados y sabrosos dátiles de Figuig.

Junto a los dátiles, el olor a pan advierte de la proximidad de pastelerías donde se amontonan hogazas y dulces, de los que algunos ya ser vendían en nuestros zocos medievales como documentan ciertos tratados gastronómicos andalusíes.  El equivalente a las perrunas andaluzas elaboradas con almendra y harina son llamadas aquí  غريبة griba, que significa algo así como extrañas.
A mi precisamente no me lo resultaron. Incluso se desgranaban también en mis manos y boca como las de nuestras abuelas. 
No sabemos si resultaban extrañas por ser introducidas por los moriscos y andalusíes, también asentados en esta zona de Marruecos. Pero lo que los oujdíes atribuyen de origen peninsular es una especie de merguez o salchicha de gran tamaño de cordero que se vende guisada e introducida en una kesra o pan redondo.

Dejando la medina, tenía especial interés en visitar a las afueras de la ciudad, una especie de oasis que me recomendaban. Sin embargo, Sidi Yahya Ben Younes, que toma el nombre del patrón, santón de Oujda, puede considerarse más un lugar de peregrinación a modo de parque de recreo.
Una especie de camino similar que me hacía recordar al de las calzadas entre las necrópolis romanas conduce al mausoleo del personaje, entre tumbas bien cuidadas que parecen brotar como arbustos. Entre ellas la de Bou Chikhi cuyo árbol dicen que hace desaparecer los dolores de riñón. No he podido averiguar algunos datos biográficos de Sidi Yahya, tan venerado no sólo por musulmanes sino por judíos y cristianos. Sin embargo quise impregnarme de su baraka accediendo al mausoleo y tocando el catafalco. Sea como fuere, Sidi Yahya vivió en el siglo XIV y se cuenta que llegó a alcanzar los ochenta años. Cada mes de septiembre congrega a los diferentes pueblos y ciudades de la región en una especie de romería (moussem).

Sidi Yahya es a su vez un lugar, agradable, apacible donde los cursos de agua dividen dos orillas salpicadas de pequeñas tumbas entre palmeras, rosales, laureles, fuentes y arbustos. Un campo de experimentación de la antropología de la muerte, también por su uso combinado como espacio de recreo donde poder tomar un te, merendar, almorzar y disfrutar de un lugar paradisiaco, a la par que funerario y sagrado.

Mausoleo-Oasis de Sidi Yahya Ben Younes. Oujda.

Oujda además se conoce por el festival de música Raï, uno de los más promocionados en África y que acoge infinidad de artistas de todo el planeta. El evento sigue la propia filosofía de este estilo musical que con raíces urbanas ouchdíes y argelinas hibrida la aportación de sonidos de pueblos que acogen la población emigrada.
Pero indudablemente la ciudad ha sabido perpetuar cuidadosamente la música andalusí que hunde sus raíces en la corte omeya de Córdoba en el siglo IX, vivió su cénit durante las taifas y prosperó durante las dinastías almohade y meriní. El éxodo de andalusíes al Magreb acabó transmitiéndola para ser propagada desde Marruecos hasta Libia.

Fez, Tánger, Tetuán, Rabat y Oujda, siguen siendo centros de reputada preservación aún con ciertas variedades regionales. Oujda emerge así como un trocito de al-Andalus a través de la música Gharnâtî, término que atribuye su procedencia granadina. Un patrimonio intangible prácticamente extinguido de la península y revivido en las voces, instrumentos y en las nubas interpretadas por sus ciudadanos que se agrupan en asociaciones para preservar este legado cuidadosamente. Melodías que partieron de la orilla norte para quedarse en la orilla sur del mediterráneo y como el vaivén de las olas retorna del sur al norte, para recomponer una identidad compartida.

(Dedicado a quienes siguen fomentando y transmitiendo la herencia incalculable del legado musical andalusí en el Magreb. Especialmente a mis amigos de Oujda. 
Músicos, intérpretes, y agentes culturales)

jueves, 21 de febrero de 2013

Fez y Qayrawán, centros de peregrinación y espiritualidad.


Fez y Qayrawán son consideradas ciudades sagradas en el Magreb y en el mundo islámico no sólo por el significado de sus mezquitas aljamas sino por la presencia de dos personajes cuyos santuarios gozan de gran veneración.

La palabra madrasa, también conocida por medersa o madraza, deriva del árabe madrasa, (مَدْرَسَة) considerándose lugar donde se imparte enseñanza de carácter religioso.  No parece que existiera en los primeros tiempos del islam y probablemente fueron los selyuquíes quienes construyeron las primeras en Persia a principios del siglo XI, si bien en Turquía adquirieron carácter multifuncional al disponer de un área de enseñanza médica, un maristán, espacios asistenciales y un mausoleo.


La difusión del sufismo en los siglos XII-III dio sentido a algunas zawiyas entendiéndose como casas donde un grupo de discípulos se reunían en torno a un maestro o (shayj) estando equipadas para la celebración de reuniones, oración, estudio y vida comunitaria.


Así, las zawiyas no son sino lugares sagrados donde yace un santón, un maestro o un personaje relacionado con el profeta, al que se le rinde culto y donde en el entorno de su tumba puede edificarse un espacio de enseñanza a modo de madrasa, con espacios de retiro, oración y de estudio. De hecho, en el Magreb, los mausoleos llegan a  convertirse en centros de peregrinación y congregación de fieles (como ocurre en Qayrawán y Fez) de todo el país, donde la veneración roza prácticas de religiosidad popular.


Los principales caminos que parten de la principal puerta de la medina de Fez,  Bab al-Boujloud, conducen no sólo a la mezquita aljama Qarawiyín sino a otro espacio de veneración: el Mausoleo-zawiya de Moulay Idris.


Moulay Idris no es sino Idris II, fundador de la ciudad y considerado una especie de patrón en Marruecos. Su tumba forma parte de una mezquita, el primer oratorio donde se celebró la primera oración del viernes. Hasta el siglo XIV mantuvo su planta original y durante unas obras de reconstrucción se hallaron las reliquias. Habría que esperar tres siglos después para que dicho espacio sufriera transformaciones más significativas.


El sultán Mulay Ismail, alzó el sepulcro del santo en un baldaquín de madera y damasquinado de cobre y oro, rodeado por numerosas columnas de mármol. También cubrió el espacio sagrado con remate piramidal verde, añadió una espléndida fuente en el patio y levantó su característico alminar, el más alto de la medina. En el año 1824, Mulay Abd al-Rahman, fundó una nueva mezquita en una casa anexa que concentra toda la variedad decorativa del conjunto.


Mausoleo-zawiya de Moulay Idris. Fez.Marruecos

El resto de las zawiyas de Fez, aproximadamente una docena, se relacionan con santones místicos, cuya doctrina en ocasiones sigue estando viva como el caso de la tariqa tijanija que recibe el nombre de su fundador Sidi Ahmed Tijani, muerto en 1815 y enterrado en Fez.

A pesar de que los espacios de enterramiento colectivo se ubicaban a extramuros, es frecuente que algunas medinas magrebíes salpiquen sus manzanas con zawiyas y mausoleos.

Algunas zawiyas suelen disponer de espacio de oración, un patio o una habitación para un portero/a-cuidador/a. Las más simples, de planta cuadrangular y cúpula que alojan el catafalco del santón, pueden confundirse con mausoleos. 
En Qayrawán, considerada la cuarta ciudad santa del Islam después de La Meca, Jerusalén y Medina, perviven una cincuentena de ellas. La Zawiya-madrasa de Abu Zama’a al-Balawi, un compañero del profeta Mahoma confiere a Qayrawán su prototípica espiritualidad al decirse que portaba una reliquia del mismo.

Los orígenes de la tumba se remontan al año 654, fecha del fallecimiento de Abu Zama’a a causa de una expedición militar contra el ejército bizantino. Patrón de la ciudad, su tumba recibe visitas de todo el país. De hecho puede presumir de haber sido durante siglos punto de encuentro en la peregrinación hacia la Meca.

Dicho mausoleo se llena especialmente de vida durante el “mawlud”, o fiesta del nacimiento del profeta en cuya semana se entonan a coro cantos religiosos y las mujeres ofrecen “‘asida”, una especie de papilla de sémola en honor a la que los árabes comían en los primeros tiempos del islam. Dichos días resultan propicios para celebrar la fiesta de la circuncisión y la ceremonia de los contratos matrimoniales. LLama la atención la acumulación de alfombras amontonadas en las proximidades del catafalco. No son sino las primeras alfombras de oración que utilizan las niñas que luego las llevan allí como ofrenda para que el santo las proteja.


Zawiya-madrasa de Abu Zama’a al-Balawi. Qayrawán.Túnez

En el siglo XV la zawiya fue un mausoleo cupulado al que se le rodeó una muralla. Pero no será hasta al siglo XVII cuando se le añada la madrasa, el alminar y el resto de las dependencias. Dos hermanos arquitectos de origen andalusí llamados Ahmed y Mustafa  concedieron al conjunto una peculiar impronta hispanomorisca a la que se luego se añadieron ciertas influencias turcas, bizantinas y locales.

La puerta principal da paso a un gran patio porticado en cuyo ángulo izquierdo, un almacén guarda los bienes hábices del santo. Anexa a esta dependencia está la madrasa, una sala de oración alargada con mihrab cupulado y dos naves a la que dan dos patios y las celdas de los estudiantes. La parte reservada al culto consta de otro patio porticado y la cámara funeraria está cubierta con cúpula sobre trompas y linternón.


A pesar de que este monumento está declarado patrimonio mundial por la UNESCO, grupos salafistas lanzaron amenazas contra el mismo a principios de 2013.

Ciudadanos de Qayrawán y miembros del ejército han estando velando día y noche  por su salvaguarda, dando al mundo un ejemplo de que más allá de normas y leyes de tutela, los escudos humanos se convierten en verdaderos protectores de uno de sus símbolos patrimoniales e identitarios más preciados.

martes, 15 de enero de 2013

Túnez perenne


Para ser feliz quiero ver siempre el azul infinito de un amanecer intenso
Contemplar sosegadamente arcos, colores, y letras que adornan, bailan, seducen y me envuelven.

Para ser feliz quiero escuchar algarabía, traspasar luces y sombras, dejarme arrastrar por efluvios de humo, incienso, esencia, salitre ...

Para ser feliz solo me bastan tus sonrisas cálidas, miradas verdaderas, saludos que no cuestan, saborear la palabra regalada, formar parte de ti, sentirme en casa.
Para ser feliz me inundo de ti, Túnez, dejándome envolver y arrastar eternamente al paraíso.
Solo allí soy yo, solo allí sigues siendo tú.

Solo allí, siempre y perenne
Eres y estás.