BIENVENIDO/A

Espacio de relajación y reflexión, el diván tiene sus orígenes en la antigüedad al discurrir a largo de las paredes de las viviendas romanas más acomodadas y constituir en la arquitectura palaciega islámica una estancia privada común para el reposo y el deleite.

"El diván de Nur" viene a ser un lugar virtual para la catarsis que provocan enclaves, historias, vidas, ciudades, sitios y paisajes del mediterráneo.


Una mirada introspectiva, retrospectiva y exploratoria por al-Andalus, el Magreb y la diversidad cultural del Mare Nostrum de una historiadora en permanente búsqueda

domingo, 11 de noviembre de 2012

Hammamet. Atrapando la eternidad.


Bowles en el cielo protector refería que la diferencia entre turista y viajero residía, en parte, en el tiempo. Mientras el turista se apresura por lo general a su casa al cabo de algunos meses o semanas, el viajero, que no pertenece a un lugar más que al siguiente, se desplaza con lentitud durante años de un punto a otro de la tierra.
Y tomando como referencia esta cita que hace semanas recordó mi amigo Fernando Báez, vuelvo imaginariamente a uno de mis rincones de la felicidad que pude describir en mi cuaderno de viajes. Un instante que de ningún modo quería dejar escapar.
Volver a Túnez supone explorar intensas experiencias, no sé si porque siempre que regreso ya adopto una predisposción hacia ello o porque fabriqué una idealización que necesitaba tener. Lo cierto es que allí siento más alejado el concepto de tiempo, un invento que nos separa al fin y al cabo de la naturaleza y de nuestra comunión con ella. 
Cuando en Hammamet amanece un nuevo día, el sol reluce resplandeciente atravesando la mayor negrura de las cortinas de cualquier alcoba. Y es como si en cada alba, se creara un mundo nuevo.
Despertar allí es como poder volver a nacer cada día que debe aprovecharse al máximo mirando a ese cálido horizonte. Las tardes se hacen cortas pero los ocasos, envueltos entre el rumor de las olas y los avisos del salat al-mugrib, conectan con lo divino.
Entonces veo más mediterráneo, más inmenso, intenso e infinito que nunca. Destella calma, espuma y plata. Centellea, ondea, abraza e inspira. El azul aquí es más azul. Me rodea, serpentea, adormece y relaja. Luego dormita, canta, palpita, y me salpica bruscamente.
Alrededor del mar, Hammamet muestra cómo la vida y la muerte son una. No hay demasiada distinción entre los seres que reposan eternamente, ya que parecen hacerlo no bajo el suelo sino flotando sobre las arenas que el casi las olas pueden alcanzar.
Entre olivos y el intenso olor a jazmín y sal. Entre el agua y la tierra, flota una atmósfera, ligera, leve y breve como la existencia. Y resuena la melodía de un almuédano para recordar que el tiempo no es lo que marcan los relojes mundanos, sino un instante contínuo y eterno.
Un momento en el que comulga la luz, el mar y la vida. Un instante en el que un eco, una voz, resuena como onda que siempre errará en el universo.
Aquí, la vida, no es mejor ni peor, es sencillamente vida. Un camino trazable, un misterio que alumbra y hace brotar plantas, seres, palabras, luces y emociones. Es entonces cuando me aferro a él, agarrándome a este momento eterno cuya serenidad única no quiero que la memoria, volátil y tracionera deje escapar.
Y pienso que es en Túnez donde he aprendido a mirar al infinito hasta poder llegar a un estado contemplativo y de ensimismamiento que también percibo en sus habitantes. Pero solamente puedo hacerlo allí.
Siempre me pregunto hacia dónde miran quienes se sientan en cafés y teterías tunecinas saboreando las mañanas y tardes.Lo hacen dispuestos en filas hacia la calle, hacia el mar, hacia el horizonte. Juntos pero aislados, saboreando el no tiempo, disfrutando de una existencia que aún finita, la hacen eterna.

sábado, 10 de noviembre de 2012

Córdoba y Qayrawán. Las calles abrazadas

Llegando a barakat sahel a tomar un louage, uno vuelve a tomar contacto con la realidad tunecina.
Imprevisiblemente siempre sucede algo o hay alguien que permite dar con tu destino de manera inmediata. Sin reloj y sin prisas, sin miedo a nada, me aventuro a deslizarme por caminos que transforman mi trayecto en una inolvidable experiencia.

Da igual que el vecino de asiento lleve las uñas algo sucias o que la tapicería del coche esté despellejada. Envuelta en una atmósfera de fonemas árabes y ante un transcurrir intermitente de olivos y predesierto, abro los ojos ante las puertas de Qayrawán.
Animada e inundada por el caos circulatorio, mi taxi rodea la Plaza de los Mártires de la que parte la avenida Córdoba, un kilómetro de lienzo amurallado abierto por un par de puertas.

Qué casualidad que al final de la calle kairuán de Córdoba haya también un “Campo Santo de los Mártires”.Igual que las murallas occidentales de la medina cordobesa, toman la calle Kairouán, pienso en ambas ciudades hermanadas, en ambas vías.

La calle Kairuán en Córdoba, reformada en los años cincuenta del siglo XX, dulcifica el paseo del viandante cuyo caminar transcurre entre jazmines y sonidos del agua en un fluir albercas escalonadas. Pantallas que invierten la imagen de un vetusto lienzo coronado con merlones y almenas sobrevoladas por tórtolas, mirlos y gorriones. Y tras evocar esa imagen de Córdoba en mi memoria, vuelvo en sí para disfrutar de mi estancia en Qayrawán. Por la avenida de Qurtuba ( Córdoba) y a los pies de similares murallas, no hay albercas pero sí una calzada que da alimento a veloces taxis, ciclomotores, autobuses urbanos, viejos motocarros y bicicletas cargadas de pan y otros enseres. 
Advierten, pues del bullicio que nos espera al adentrarnos en la propia medina tunecina. A ambos lados, un sol sin tregua proyecta cornisas y merlones semicirculares. De pronto pienso en dos calles entrelazadas en lugares diferentes.

Una recuerda a la otra, la otra recuerda a la una hasta transmutarse en una sola fundida en un abrazo.

martes, 19 de junio de 2012

Tarraco Viva


La arqueóloga-museóloga Renée Sivan, dice en uno de sus estudios que el reto de los gestores del patrimonio consiste en hacer que las “piedras hablen”. Y evidentemente en Tarragona no hablan sino brotan vivencias de ellas a través de "Tarraco Viva".

Aunque “Tarraco Viva” se define como un festival de la cultura romana, dicha palabra le queda corta, ya que no es ni es un parque temático, ni un espectáculo mediático, ni ningún desfile de personajes ataviados. Es una magnífica experiencia de conocimiento y aprendizaje, a través de demostraciones, conferencias, “living history”, proyección de documentales, actividades educativas infantiles, visitas guiadas, recitales, textos escenificados, degustaciones, lecturas dramatizadas y conciertos relacionados con la antigua Roma. Un verdadero banquete cultural romano para aquellos ávidos de antigüedad.

Desgraciadamente en España, ciertos sectores académicos y algunos profesionales ultraortodoxos de la conservación del patrimonio tienden a introducir dichas definiciones en el mismo saco. Y lo hacen confundiendo los términos “living history”, con dramatización libre, animaciones, o representaciones teatrales puntuales. De hecho dicha confusión, fruto del desconocimiento, siempre ha despertado susceptibilidades bajo el dañino e intencionado paraguas crítico del falseamiento, la banalización y la especulación histórica. Sin embargo dicho recurso anglosajón tiende a utilizarse con normalidad en ciertos museos al aire libre de Francia y Gran Bretaña.
  
Nada más lejos de la realidad, ya que un buen “living history” puede llegar a ser una mirada histórica en movimiento. De hecho en Tarraco Viva es un verdadero proceso de puesta en valor del pasado, fruto del un riguroso trabajo documental y científico de historiadores, expertos y eruditos que convierten esta acción en un campo experimental, donde cualquier palabra, atuendo, gesto y detalle, hasta el más mínimo, está previamente investigado y estudiado con muchos meses y años de antelación.

Juicio de los asistentes a una lucha gladiatora en el anfiteatro de Tarraco.

Quería conocer Tarraco, adentrarme en los restos de uno de los mejores circos conservados en Occidente, visitar el anfiteatro que mira al mediterráneo, así como caminar por los restos de los foros, ver los acueductos, villas así como sus murallas, pero me hablaron del Festival Tarraco Viva y necesitaba disfrutar de gran parte de sus actividades en dichos espacios. O sea, conocerlos doblemente, más allá de la información estrictamente arqueológica. Pero en tres días no da tiempo a ver la totalidad del programa de dos semanas, a pesar del frenético e imposible deseo de estar a la vez en varios enclaves.

El Campo de Marte, el circo, las murallas y el anfiteatro fueron los espacios que pude escoger para descubrir “Munera Gladiatora”, “Las legiones romanas” “Pompa triumphalis”, “Seqvereme”, “Fabio Demetrio” o “Livia Drusila”.

Puede decirse que en el anfiteatro, the “living history” se convertía en demostración.  
Un grupo de grandes especialistas, (Ars dimicandi) explicaban el armamento y las técnicas de combate de los gladiadores romanos, aportando una visión rigurosa y científica, muy alejada de la que nos ha dado el cine. Mientras tanto, el graderío aprendía a enjuiciar los combates concediendo la vida o la muerte al derrotado con los verdaderos gestos, agitando puño, o llevando la palma hacia delante.

Mi sorpresa vino al día siguiente cuando cobraron vida algunos de los relieves del Arco de Tito en la "Pompa Triumphalis. Durante casi una hora, el cortejo dio dos vueltas por el campo de Marte a la par que se iba describiendo a los personajes, animales y objetos que participaban en el mismo, desde el senado, lictores, legionarios, hasta los encargados del sacrificio de los bueyes, y músicos.

Legionarios en el Campo de Marte.
“Seqvereme” supuso un paseo por la vida nocturna de los prostíbulos romanos. Los espectadores caminábamos por las galerías anulares del circo adentrándonos en diferentes estampas vivas con un realismo conmovedor. Se visitaba una caupona, así como los lugurios donde se conocía el precio, servicios prestados y las diferentes clases de hombres y mujeres que ejercían el oficio más antiguo de la humanidad. Realmente sorprendente fue la irrupción de las “puellae gaditanae”, bailando sensualmente los sones de músicos en el triclinium de una acomodada domus.


Cliente de una caupona en "Seqvereme"







“Fabio Demetrio”, igual que "Seqvereme" también puede considerarse “living history”. Los asistentes, nos convertíamos en alumnos de este profesor de gramática que vivió en Tarraco, cuando narraba cómo era la difícil vida de un esclavo al servicio de unos indolentes amos. En un bucólico rincón, bajo las hojas de un árbol, junto al recinto amurallado, Fabio nos hablaba de las virtudes de un buen profesor hacia el camino virtuoso de buenos hombres romanos, tomando como referencia al pedagogo Quintiliano.


Fabio Demetrio, profesor de gramática en Tarraco
 
Estas y otras actividades (más de cuatrocientas) hacen de “Tarraco Viva” un interesante modelo de gestión pública al servicio del conocimiento histórico, no pretenciosa, de una comercialización turística ni publicidad mediática, ya que se recurre a la promoción directa como modus operandi. Un referente, único en Europa que ha desafiado y debe seguir desafiando a los embates de la crisis.
En palabras de Magi Seritjol, director del festival "La historia nos sirve para pensar en el presente. No es un adorno cultural. Es un elemento para reflexionar, y tener elementos de reflexión y de crítica”

Cautivada y embriagada de ella, regreso de Tarraco, habiendo aprendido múltiples maneras de disfrutarla. También vuelvo con la esperanzadora lección que desde el tesón y el corazón,  la razón siempre triunfa. Y Tarraco Viva es una prueba de ello.


Este post va dedicado a todos quienes han trabajado y siguen haciéndolo por Tarraco Viva. Especialmente a Magí y Enric Seritjol, tarraconenses comprometidos, que asientan triple cátedra: histórica, gestora cultural y humana. También a quienes sin conocer “the living history”, fruto de prejuicios academicistas infundados, siguen empañando el honor y el futuro de profesionales que defendemos digna y seriamente la difusión del patrimonio. 

jueves, 10 de noviembre de 2011

La visita de Habib Bourghiba a Córdoba en 1968.(II).



Córdoba. 28 de Mayo de 1968. Visita del Presidente de la República Tunecina Habib Bourghiba.


Tras acudir a Madinat al-zahra, la mezquita y la Escuela de Artes y Oficios de Córdoba, el líder tunecino inauguraba a las 12,30 del mediodía la Calle Cairuán con los sones de la Banda Municipal de Música. La inauguración concluía con la ofrenda de un ramo floral ante el monumento de Averroes.


Luego vendría el momento solemne en el que ambas ciudades quedarían hermanadas para siempre. Intercambiadas
palabras y discursos entre el Presidente y los alcaldes en el Alcázar de los Reyes Cristianos, se procedió a la imposición de la faja e insignia de concejal honorario al edil de la ciudad de Qayrawán. Después no sólo se firmaba el protocolo de hermanamiento entre ambas urbes sino que se celebraba una sesión de trabajo a fin de establecer propuestas de cooperación en materia cultural y científica.

El documento de dicha sesión conservado en el Archivo Municipal de Córdoba refería el impulso de programas de becas y estancias de agrónomos tunecinos, el fomento de eventos culturales, la posibilidad de intercambios de estudiantes y el acuerdo de dos curiosas propuestas. La donación del ayuntamiento de Qayrawán de un camello blanco al zoológico de Córdoba y el ofrecimiento de tres mil esquejes de rosales para que fueran plantados en la ciudad tunecina por un jardinero local
.


Desde entonces, (más de cuarenta años) ninguna acción de cooperación intermunicipal ha podido materializarse. Demasiada palabrería, declaración de intenciones y ninguna acción de peso.
Una placa junto a la estatua de Averroes donde Bourghiba depositó el ramo conmemoraba en el año 2009 dicho acto. Y a excecpión de la voluntad personal de la que escribe al promover una exposición sobre los
lazos que nos unen,  no ha habido interés o posibilidad de promover iniciativas de cooperación intermunicipal que en la primera década del siglo XXI bien hubieran podido financiarse dentro de programas euromediterráneos.



Fotografías. Archivo municipal de Córdoba. ©Artículo editado en Junio de 2011.Virginia Luque Gallegos. Todos los derechos reservados. Queda estrictamente prohibido reproducir los contenidos y las fotografías sin permiso previo de la autora.

“Furn”.Pinceladas sobre el horno público andalusí en las fuentes árabes.

Mozo morisco llevando el pan en el siglo XVI y furn actual en Fez.
En las medinas y arrabales andalusíes solía encontrarse el horno público o furn, فرن entendido como un elemento extradoméstico y comunal donde no sólo se cocía el pan sino otras comidas preelaboradas en las casas.
Calentado por haces de ramaje o matojos de monte bajo, era frecuente que originara humos que incluso llegaban las casas vecinas según se desprende de una referencia de al-Jušani
[1] cuando esta circunstancia dio lugar a un sonado juicio entre un hornero y su vecino de Córdoba, solucionado con la instalación de un tubo para su extracción.

Obra estable, disponía de una cámara abovedada, boca y tiro donde primeramente se hacía la combustión y la cocción.
El furn, frecuentado por el mozo de la tahona, también reunía a los niños encargados de mandados y otras mujeres del arrabal, principalmente criadas de segunda categoría, cuyo principal cometido consistía en ir a buscar agua y llevar y traer comida a este sitio.

Cada mañana nada más ser elaborada la masa cruda para el consumo familiar se entregaba al chico del horno cuyas piezas identificadas con una señal eran transportadas en una tabla con un trozo de tela que las cubría. Convenía no olvidar incluir una parte de la masa al hornero para su pago en especie.

Al-Kitab al-tabij
[2] describe la complejidad de algunos platos al necesitar labores de hervido y cocción en la casa y asado y dorado en dicho establecimiento deduciéndose que a pesar de concebirse como elemento extradoméstico, el horno solía estar muy cerca de las viviendas. Así, cuando era llevada cierta masa se recogía seguidamente para añadirse leche y ser nuevamente devuelta al establecimiento para su cocción.
De manera que las vericuetas calles y adarves entre las casas y el horno  eran lugares bulliciosos donde deambulaban continuamente burros, mulos, mujeres y niños con pan cubierto de mandiles y servilletas y ollas selladas con su propia masa (‘ayin) o papel húmedo antes de ser expuestas al fuego.
Una escena que todavía hoy puede contemplarse en las calles de Fez, Marrakech, Tetuán, y otras ciudades medianas y pequeñas del Magreb.[1] AL-JUSHANI, "Kitab al-qudat bi-Qurtuba[2] CHALMETA GENDRÓN, P. “El Kitab fi adab al-hisba” de al-saqati. Al-Andalus XXXIII 1968.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

La aspersión. Honra, júbilo y distinción.

La aspersión la vemos presente desde los primeros tiempos del Islam bien como hábito higiénico, manifestación festiva u honra a los visitantes. De hecho cuando Mahoma recibió la palabra divina, pidió que le cubrieran con un manto y le esparcieran agua.
Ser rociado con aguas perfumadas en un banquete andalusí denotaba distinción.
Ibn Bassam describe como al-Ma’mun de Toledo con motivo de la fiesta de circuncisión de su nieto Yahya hizo pasar a los huéspedes a una habitación destinada al aseo. Una vez que éstos almorzaron, lavaron allí sus manos mientras derramaban sobre sus vestidos y cabezas aguas de rosas procedentes de botellas y frascos de cristal labrado.

Situación que volvió a repetirse dos siglos después con motivo de una recepción que el sultán nazarí Muhammad V dio en la Alhambra al inaugurarse dos nuevas salas.
La aspersión desenfrenada de aguas perfumadas evocaba y sigue connotando en el Magreb hoy júbilo y alborozo. Al término de las oraciones comunes celebradas en la musalla de Córdoba durante la noche de la ruptura del ayuno en ramadán y la de la fiesta de los sacrificios, una muchedumbre recorría la medina.Hombres y mujeres invadían las calles desprendiendo alegría al salpicar sus vestidos con agua de rosas o azahar, lanzando flores y frutos.

Este estallido desenfrenante llegaba a fines extremos en otras celebraciones festivas como "anshara" o "mahrayán" reminiscencia romana que coincide con la Noche de S. Juan cristiana y en la que conviven elementos opuestos como el agua y fuego. Con sentido mágico y profiláctico S. Juan absorbió ritos paganos de origen remoto que adquieren especial significado entre la noche y el amanecer.
En ese día el califa Abd al-rahman III organizaba en Córdoba carreras de caballos, las mujeres regaban sus casas, poniendo hojas de col y de verduras y las gentes del campo extendían sus vestidos al rocío antes de la oración, práctica reprendida nada bien vista por los alfaquíes.

El ambiente terminaba adueñándose de las calles y callejones resbaladizos y empapados, pululados por un gentío que a veces disfrazado y con ganas de divertirse compraba nuevamente isfany y almojábanas, símbolos festivo-hídricos.

martes, 8 de noviembre de 2011

Una desconocida elegía a Córdoba


Al-maqqari nos cuenta en obra "Naft al-tib", que al-Mazjumi, poeta itinerante que vivió en la época almorávide, estando un día en Toledo y recibiendo la visita de dos alumnos, refirió:
-¿De dónde venís?-preguntó
-De Córdoba, contestaron.
-¿Cuándo la habeis visitado por última vez?, insistió.
-Ahora mismo llegamos de allí, le dijeron.
-¡Acercaos, acercaos a mi!, para aspirar y olisquear la brisa de Córdoba de vuestras cabezas.
Hecho ésto, las besó y dijo:

¡Bella Córdoba! ¿Volveré a verte?
¿Estará ese momento cerca para mi?
¡Que una nube blanca riegue mi barrio a poniente
y que el trueno resuene en tus plazuelas arboladas!
Tus noches son albas, tu tierra un vergel
y en la inhalación de tu polvo hay ámbar y rosas