BIENVENIDO/A

Espacio de relajación y reflexión, el diván tiene sus orígenes en la antigüedad al discurrir a largo de las paredes de las viviendas romanas más acomodadas y constituir en la arquitectura palaciega islámica una estancia privada común para el reposo y el deleite.

"El diván de Nur" viene a ser un lugar virtual para la catarsis que provocan enclaves, historias, vidas, ciudades, sitios y paisajes del mediterráneo.


Una mirada introspectiva, retrospectiva y exploratoria por al-Andalus, el Magreb y la diversidad cultural del Mare Nostrum de una historiadora en permanente búsqueda

martes, 18 de junio de 2019

Eyüp (Estambul). Barrio sagrado y una historia de amor clandestino.


Entré en el  “Estambul Otomano” de la mano de Goytisolo y salí de él con la novela “Aziyadé” del escritor postromántico francés, Pierre Loti
Un buen amigo me recomendó visitar su animado café panorámico en el alejado barrio sagrado de Eyüp. Recordar Estambul es volver a sentir mis pasos por tan fascinante metrópoli entre dos continentes y una confluencia de sonidos, músicas y lenguas turcas, armenias, griegas, árabes. Pocos días pero intensos antes de que la memoria vaya disipándose.

Gatos y perros pululan conviven y viven naturalmente en la ciudad en perfecta armonía donde los ciudadanos los cuidan y miman. Tampoco resulta extraño encontrarse con algún oso amaestrado que no logré nunca ver. Pero lo primero que me sorprendió de esta gran urbe de quince millones de almas, y ya lo advertía Goytisolo, fue el respeto y la veneración profesada a los antiguos árboles cada vez más escasos por talas masivas. Plátanos y lentiscos que como viejos ancianos centenarios todavía miran a las aguas plateadas del Cuerno de Oro, dan sombra en los cafetines de las plazas  o siguen en los patios de las mezquitas imperiales. Una antigua creencia turca refiere que los djinns o genios protectores invisibles velan por su integridad protegiendo sus frutos.

Desde la animada plaza Taksim había un bus directo que me llevaría hasta Eyüp pero el despiste del primer o segundo día y el confiar demasiado en un confuso plano de red de transportes me condujo a un metro y luego  a un metrobus, o sea un autobús a velocidad de locos en un carril propio por una enorme autopista.

Eyüp se me resistía. Encontré un parque, una calle y un señor mayor palestino me acompañó hasta otro autobús para luego andar al menos 1 km y medio. Atardecía por una avenida aislada de las afueras de un espacio urbano y no se veía por ningún lado aquel santuario entre las tumbas escarpadas que me advirtieron. A lo lejos se avistaba entre árboles la cúpula de una de tantas mezquitas turcas de influencia bizantina con sus inconfundibles alminares altos y apuntados. 

 Santuario de Eyüp
Eyüp recibe el nombre de Ayyub, compañero de Mahoma que llevaba el estandarte del islam y que llegó a la ciudad entre el los años 663 y 667 donde murió y fue enterrado. Cuando los turcos conquistaron Costantinopla se dice que Mehmed II encontró milagrosamente aquí su tumba señalando su emplazamiento con dos plátanos. Luego ordenó construir un mausoleo y una mezquita en su honor, la más antigua de la ciudad. Así que pisaba un lugar especialmente cargado de historia, simbolismo, baraka y religiosidad no sólo para los habitantes de Estambul sino para todos los turcos que también hallan aquí la estructura de un verdadero complejo social y comunitario otomano con una madrasa, un hamman y un imaret donde se cumplía con el deber hospitalario de dar comida al estudiante y limosna al necesitado.   

Mezquita de Eyüp. La más antigua de Estambul pese a sus intervenciones y reconstrucciones. 

Una plaza con fuente para abluciones y uno de los dos centenarios plataneros afrontaba  dos edificios que sufrieron distintas remodelaciones a causa de un terremoto a finales del siglo XVIII y un incendio en el siglo XIX. No se trataba de ningún espacio tenebroso cuya solemnidad podría atemorizar. Las palomas bebían de los chorros de dinámicas fuentes en un devenir constante de fieles ante un ambiente quasi festivo. A ambos lados del conjunto se abrían varias calles con decenas de tiendas de objetos religiosos, minicoranes de bolsillo,inciensos, perfumes y alherces o funditas colgadas de piel guardando alguna sura coránica.
Estaba muy nublado y las nubes casi parecían hacer juego con el tono grisáceo de la caliza estambuleña. Bandadas de pájaros sobrevolaban y parecían dirigirse a las arboladas o empinadas colinas de los alrededores donde empezaban a divisarse escalonadamente las tumbas del enorme cementerio en el que los difuntos desde hace siglos se afanan por descansar eternamente cerca del santo Eyup. 
La luminosa mezquita estaba abierta y visitable con espacios acotados a los no fieles. En el platanero, una pareja de recién casados que nos ofreció delicias turcas, fotografiaba el día de su boda. 

Uno de los dos plátanos que según la tradición, indican la tumba de Eyüp

Un teleférico me elevó al encantador café-mirador llamado Pierre Loti en honor a Eyüp, donde el escritor residió y contemplaba los míticos amaneceres y atardeceres a orillas del Cuerno de Oro. De Loti ya había leído su “Viaje a Marruecos” sabiendo de su exotismo impresionista de principios de siglo XX así como de interesantes estancias, diarios y memorias escritas desde Japón, Tahití, Pekín o Senegal.  
Pero la portada de Aziyadé en una pequeña boutique-librería, terminó llamándome la atención. Ya en España, leída Aziyadé, me transporta al sagrado barrio de Eyüp a principios del siglo XX, donde Loti vivió su primera gran historia de amor pasional entre 1876-1877 que luego noveló como un postromántico, aventurero y dandy aculturado de cada puerto que visitaba. Entre el enclave que él vio, diferente al que conocí, recuerdo mis pasos y me acerco a los suyos.

Tumbas en las colinas de Eyüp

 
Café Pierre Loti en Eyüp

La novela, casi autobiografía personal de su juventud en Estambul entremezcla retazos de diarios, correspondencias, paisajes impresionistas de palabras y escenas costumbristas como  las tardes de café con narguile bajo los plataneros, las explanadas junto el palacio del sultán, el teatro de sombras chinescas o polichinelas, los fuegos de bengala reflejados en el mar durante los días festivos y las travesías en barquillas o esquifes por el Cuerno de Oro contemplando rosados amaneceres de palacios y mezquitas.
Escenas que envuelven sus amoríos con Aziyadé (en realidad Hakidjé); una jovencísima circasiana musulmana que conoció en Salónica y que vivía en un harén del barrio bizantino de Estambul. 
Loti fue poco a poco aculturándose, adaptándose al modo de vida de la ciudad, e incluso se disfrazó de turco para camuflarse bajo el pseudónimo de Arif Efendi. “Vivo en uno de los más hermosos países del mundo y mi libertad es ilimitada” (…) Puedo recorrer a mi antojo los pueblos y las montañas, los bosques de la costa de Asia y los de Europa y muchas pobres gentes vivirían un año con las impresiones y peripecias de uno solo de mis días(…)


Entre idas y venidas como oficial de la armada  a su buque británico (en verdad francés), se instaló en una casa de Eyüp rodeándose de dos entrañables amigos que le ayudaron a gestionar citas clandestinas con su jovencísima amada. Samuel, un pobre e inocente huérfano sefardí a quien conoció en Salónica, provoca una ternura y fidelidad inusitadas. 
De hecho hay fragmentos en los que le habla en judeoespañol aunque el propio Loti lo interpretara como "sabir", una melange aromanzada de distintas lenguas mediterráneas utilizada por mercaderes y marineros entre los siglos XIV y XIX. 
Ahmed, su otro criado, no sabía leer y era hijo de padres pobres y ancianos residentes en el barrio franco del Gálata. Ambos realizaban quehaceres domésticos acondicionando el nido nocturno de los amantes en unos tiempos en los que una relación extraconyugal suponía un riesgo peligroso de muerte. 
Su fugaz y tortuoso romance convertido en desafío, exprimía cada noche tal y como refiere: De aquí a allá el olvido completo del mundo y de la vida: un sólo y mismo beso comienza por la noche y dura hasta por la mañana; algo tan comparable a la ardiente sed de los países de arenas del África, que se excita bebiendo agua fresca y que no se sacia jamás”(…) “Yo admiraba a mi amante. Yo me apoderaba en la última hora de sus rasgos amados para fijarlos en mi recuerdo. El ruido desgarrador de aquella música y la humareda aromática del narguile, conducían suavemente a la embriaguez, a la ligera embriaguez oriental que es el anonadamiento de lo pasado y el olvido de las sombrías horas de la vida. Y este sueño insensato se imponía a mi espíritu: olvidarlo todo y quedarme con ella hasta la fría hora del desencanto o de la muerte”. 

Aziyadé dibujada por Pierre Loti
Llegó el momento de la despedida y de retorno a su buque en un clima prebélico antes de de que los rusos dominaran Estambul. 
Ahmed y Aziyadé que no sabían escribir ni leer pidieron los servicios de un escribano intermediario a fin de enviarle cartas a Loti. Loti recibió noticias de que el propietario de Aziyadé, el viejo Abbedín, sospechó de su infidelidad y acabó encerrándola en un cuarto, apartada del resto del harén. Allí  murió de pena. 
No demasiado tiempo después, Loti regresó y halló Estambul entre cenizas. Había fallecido su amigo Ahmed y acabó descubriendo la lápida de su amada en las colinas del cementerio de Eyüp. 
Loti, en la novela (no en realidad) abatido y entristecido, terminó alistándose en el ejército turco, y desertó de la marina inglesa para terminar feneciendo en la última batalla de Kars.
Muerto su personaje y de vuelta a Francia, Loti se encerró en su casa de Rochefort para escribir sus memorias. Lo hizo en una dependencia que decoró con las pertenencias que compartió con Aziyadé en Eyüp. Preso de la melancolía y sumido en un inmenso dolor decidió liberarse de él a través de esta obra, la primera que escribía y que en un principio no suscitó demasiado interés. Publicada sin su nombre y un año después de la muerte de su amada, la novela Aziyadé se hizo muy conocida en Francia lanzándole al estrellato. 

   Pierre Loti en su salón turco de Rochefort.
Pierre Loti ante la tumba de Aziyadé

Trascurrieron así años y décadas pero a pesar de que a lo largo de su vida Loti siguió gozando de amores fortuitos conyugales y extraconyugales, no olvidó nunca Estambul. 
A su único hijo legítimo le llamó Samuel, como su querido amigo sefardí del que nunca supo más. Y cada vez que regresaba a Estambul la tumba de Aziyadé se convirtió como si fuera La Meca, en su lugar sagrado de culto y peregrinaje.

A mi querido Sebastián de la Obra. Por poner Eyüp en mi camino.


©Virginia Luque Gallegos. Todos los derechos reservados. Citar el blog si se toma como referencia. 

martes, 14 de agosto de 2018

Memorias de Asilah

Vuelvo de unos días de retiro en Asilah (Norte de Marruecos), más propios del bullicio del mes de Ramadán donde caminar, encontrar cafés y sitio en las playas urbanas se hace difícil ante un enorme gentío llegado de todas partes del país. 
Siempre que regreso a Marruecos me encuentro con sorpresas inesperadas pero no creía que en Asilah pudiera toparme con dos mausoleos de dos andalusíes cuya biografía desconocemos y que por el momento disponemos de información oral. 
Se trata de Sidi Tayib al-Bakali y Sidi Abi al-qanadilí (el de los candiles). Dos de tantos hombres piadosos peninsulares medievales cuyas buenas obras, tumbas y recuerdos pululan por doquier en el Magreb.
Conseguí mi objetivo, entrar al Palacio de Raisouli. Subí a la torre de los portugueses (no visitable) cuyo ayuntamiento persigue una futura puesta en valor y lo más importante, mantuve gratas conversaciones con las gentes de la medina, por el momento mi medina marítima favorita de todo Marruecos.

Palacio Raisouli. Asilah
Calle interior Palacio Raisuli. Antiguos calabozos.
La revitalización y transformación de la medina se debe al ministro y alcalde de Asilah, Benaissa, que propició el festival de las artes. Éste viene celebrándose desde 1978 y ha ido involucrando a artistas, artesanos y ciudadanos en la rehabilitación de sus calles, edificios, dinamizándola y dejando hermosas y efímeras creaciones en sus muros, puertas, pavimentos y fachadas con intervenciones y atmósferas únicas y cambiantes.
En una de sus calles me atrapó la cálida y suave voz de un joven que cantaba por el grupo de rock andaluz Medina Azahara e interpretaba un tema de un cantautor argelino que todavía hoy no consigo localizar por las redes.

Cantante de la medina de Asilah
Pintura naïf. Tienda artística de la medina de Asilah.
Cómo no recordar a un vendedor de souvenirs, con el que me paraba todos los días y me hablaba de las costumbres perdidas de Asilah, de las familias españolas que hace unos cincuenta años se fueron yendo. Me llevo de él su simpatía y tres regalos.
También hallé en mi última incursión por la pequeña y pintoresca medina, una tienda de anticuario de un valor incalculable.
Dos guías de oraciones de bolsillo del siglo XIX llamaron mi atención. 
Enfundadas en cuero trabajado, sus hojas de pergamino reproducían miniaturas que evocaban los códices medievales. Evidentemente eran piezas de museo cuyo precio sólo es posible para quienes subasten e inviertan en obras de arte. Joyas bereberes, máscaras africanas, y otras piezas resultaban también muy atrayentes.


Buraq. Pieza de una tienda de antigüedades. Medina de Asilah.
Una pequeña representación en bronce de Buraq, (البراق) me invitó a sostenerla. Su técnica e iconografía recordaba a formas zoomórficas andalusíes de los leones de la Alhambra y la decoración vegetal de su cuerpo a los cervatillos de Madinat al-Zahra, tanto los españoles de los museos arqueológicos de Córdoba, Madrid como el de Qatar. 
Buraq es un animal mitológico, semejante a un caballo o un híbrido y aparece vinculado a Mahoma por ser según la tradición islámica quien trasladó al profeta de la tierra al cielo en un viaje nocturno. 
Cuando el arcangel Gabriel se le apareció, limpió su corazón con agua bendita. Luego,  Buraq le transportó a la velocidad de la luz a los siete cielos para recibir la revelación de Allah trasladada después al Corán.
De todo ello Aziz, el anticuario, me hablaba mientras yo sostenía esta hermosa reproducción de principios de siglo XX. Había otras representaciones de Buraq sin cabeza. Más felinos, pequeños y estilizados poniéndose así en entredicho que el arte islámico no es tan antifigurativo como se suele creer. 
Pero no sólo Aziz atesoraba patrimonio islámico sino sefardí. 
Nos mostró hanukiyas,  azulejos, cerámicas de casas de la mellah de Fez cuyos inquilinos abandonaron y entre cuyas ruinas se hallaron hasta ejemplares de la revista Sefarad. 

Revista Sefarad hallada en una casa sefardí de Fez. 
Placa labrada con la estrella de David procedente de una antigua casa sefardí en Fez.
No quisiera cerrar mis impresiones de aquellos días sin mencionar a Tawfiq Louzari quien el destino puso en nuestro camino. Me asombra su amor, entrega, abnegación y compromiso por Asilah, tanto que me provoca envidia sana por el ejemplo que podría dar a muchos de nuestros concejales y alcaldes.
Tawfiq es el primer teniente alcalde de Asilah a la que se dedica en cuerpo y alma. 
Hace verdaderos malabares para impulsar el desarrollo de un municipio de 35.000 habitantes (200.000 en verano) donde la centralización administrativa, la burocracia, la escasez presupuestaria y la propia legislación, ponen las cosas muy difíciles. 
Atiende con cariño a muchos ciudadanos que aguarda haciendo todo lo que está en su mano y saltando cientos de obstáculos para superar dificultades.




Desde aquí, la otra orilla, Tawfiq, te deseo todo lo mejor. Fue un placer conocerte y te agradezco enormemente haberme sumergido en la Asilah diaria, con sus retos, inconvenientes y desafíos. La Asilah que visito no como turista sino como analista de su pasado y su presente.

Con sus puestas de sol de infinitos horizontes, el rumor de sus olas, la blancura de sus calles, la humildad y sonrisa de sus gentes, las gratas palabras, el espíritu de las artes. 
Asilah queda y seguirá quedando en mi memoria.


©Virginia Luque Gallegos. Todos los derechos reservados. Citar el blog si se toma como referencia. 

martes, 6 de marzo de 2018

De recetarios gastronómicos andalusíes y tratados de almotacenes.


A pesar de que la arqueología proporciona mucha información sobre utensilios y menaje  de cocina y servicio,  sólo dos tratados gastronómicos andalusíes han llegado hasta nosotros.
El primero “Libro de Cocina”(Kitab al tabij fi l-Magrib wa-l Andalus fi asr al-muwahhidin)  es una obra anónima fechada en el siglo XIII. Una especie de libreta de apuntes con recetas de la cocina de al-Andalus y el Magreb en la época almohade si bien incluye platos de épocas anteriores del emirato y del califato de Córdoba.

El segundo tratado  se titula Relieves de la mesa, sobre manjares y guisos” (Fudalat al-hiwan fi tayyibat al-ta’am wa al-alwan). 
Su autor, el murciano Ibn Razin al-Tuyibi aporta más de cuatrocientas recetas de  panes, carnes, pescados, huevos, leche, verduras, legumbres, encurtidos y crustáceos. Especialidades dignas de los más refinados banquetes.
Dicho libro permite por tanto reconstruir el modo de preparación, la historia del gusto y las pautas de consumo en al-Andalus y el Magreb en el siglo XIII.
Información que transmitió desde su propia experiencia a través de conversaciones mantenidas y cuadernos de notas de cocineros palatinos.
Abundan pues, manjares muy elaborados de alta alcurnia pero también incluye algunas recetas muy populares.

Comer carne era signo de holgada situación al alcance de unos pocos y así se aprecia en una infinidad de platos de ternera, cordero, cabrito y aves. Si en la poesía el canto de los zorzales era muy inspirador no existía inconveniente de que éstos también cayeran en la cazuela.
En cuanto a los dulces, Ibn Razin aporta recetas de tortas, buñuelos, hojaldres y roscas a las que se sumaban variedades de garrapiñada con miel, azafrán, agua de rosas, alcanfor y clavo.
Del  refrán “Uvas con queso saben a beso” ya sabían nuestros antepasados andalusíes quienes acompañaban el requesón también con higos. Tampoco debe resultarnos tan reciente la costumbre de degustar caracoles primaverales que ya hunde sus raíces en este tratado.

Por otro lado, los zocos de Málaga o Sevilla se muestran como espacios populares de adquisición de alimentos y consumo donde a la vista de la clientela se elaboraban distintos asados, guisos y dulces, no ajenos al fraude.
De ello nos advierten los llamados “tratados de hisba” que los inspectores de los mercados o almotacenes redactaban instaurando así unas normas reguladoras para su correcta higiene, funcionamiento y calidad.


Vendedor de caracoles en la medina de Fez. Su receta es prácticamente idéntica a la forma de prepararlos en Andalucía.

El almotacén Ibn ‘Abdun, que vivió en la Sevilla del siglo XII ofrece deliciosas anécdotas y consejos cuando pasaba revista por las calles donde se apiñaban los diferentes gremios alimenticios y artesanales.
Además de los panaderos, hueveros, se vigilaban a los vendedores de carnes asadas ya fueran  de pinchitos, albóndigas y salchichas de cordero o aves.
Donde se producía habitualmente timo era con  la “harisa”, un popular plato elaborado a base de trigo remojado, grasa animal y caldo espeso de carne que solía ser cuidadosamente comprobado.

Los zocos se nos presentan así como un microcosmos de bullicio, ruidos, voces  y de olores abigarrados de especias y columnas de humo ya fueran de reses, carnes, guisos, horneados y asados. Imágenes de un universo culinario diverso y cercano que quedan retratadas y congeladas a modo de estampas costumbristas a través de estos maravillosos tratados gastronómicos.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS BÁSICAS
ANÓNIMO. La  cocina hispano-magrebí durante la época almohade según un manuscrito anónimo del siglo XIII. Traducido por Ambrosio Huici Miranda; estudio preliminar de Manuela Marín. Gijón: Trea, 2005.
GARCÍA GÓMEZ, LEVI PROVENCAL. Sevilla a comienzos del siglo XII. El tratado de Ibn ‘Abdun. 2° edición. Sevilla, 1981.
GARCÍA SÁNCHEZ, E. «La alimentación popular urbana en al-Ándalus». Arqueología Medieval 4, 1996, pp 219-235.
IBN RAZIN AL TUYIBI. Relieves de las mesas, acerca de las delicias de la comida y los diferentes platos. Estudio, traducción y notas, Manuela Marín. Somonte, Cenero, Gijón.  Trea, 2007
MARIN, M. Y WAINES,D. (Eds). La alimentación en las culturas islámicas. Madrid. AECI.. Madrid 1994.

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martes, 17 de enero de 2017

Rodolphe d’Erlanger. El melómano aculturado


Rodolphe Francis d’Erlanger (1872-1932), nació en Boulogne-sur-Seine aunque su familia era de origen alemán y norteamericano. Hijo de un banquero de gran fortuna y criado en la fe católica, D’Erlanger decidió abandonar su carrera financiera para dedicarse a la pintura y refugiarse en Túnez donde heredó de su padre varias propiedades.
En Sidi Bou Sa’id, una emblemática localidad costera a pocos kilómetros de Túnez, encontró el Olimpo de su inspiración. Un lugar impregnado de espiritualidad, que toma el nombre del místico Abu Sa’id El Beji quien lo eligió como refugio y enseñanza en los siglos XII-XIII y cuya tumba se convirtió en punto de peregrinación.

Autorretrato del barón Rodolphe d'Erlanger (1872-1932)
Sobre un promontorio escarpado del Cabo de Cartago y majestuosas vistas a la bahía de Túnez, el barón francés edificó entre 1911 y 1921 un singular retiro que llamó "Ennejma Ezzahra" (Estrella de Venus). Una verdadera morada para las musas situada en un acantilado que niveló para encastrar el palacio  y sus jardines. Se trataba pues de un enclave paradisíaco donde pintar, escribir y dedicarse a la investigación etnográfica. Allí reprodujo la belleza paisajística y urbana retratando la psicología de sus personajes y el costumbrismo tan en boga por aquellos años. Incluso se llegó a decir que D’Erlanger dio a Sidi Bou Sa’id su característica bicromía azul y blanca, tan persistente en el resto del país.
Estudioso y atraído por la cultura araboislámica sincretizó en su residencia una serie de elementos. Inspirado en la Alhambra y el Generalife, diseñó el jardín llamado "andalusí". Un segundo jardín, el de los naranjos agrios, permite el paseo y la contemplación y un tercero, el persa, más próximo a su mansión divide el espacio no por canales cruzados que simbolizan los cuatro ríos del paraíso iraní sino por cuatro parterres en torno a una fuente de mármol. Desde un majestuoso dosel de coloristas azulejos vidriados pueden disfrutarse de vistas privilegiadas al mediterráneo.
La sobriedad externa del palacio, contrasta con la riqueza decorativa interior de este monumento reconocido patrimonio nacional por el Ministerio de Cultura. 




Imágenes externas del Palacio Ennejma Ezzahra residencia del Barón Rodolphe d'Erlanger (Sidi Bou Sa'id). Túnez.
Escondido estratégicamente para ver sin ser visto, se distribuye en diferentes estancias, patios y divanes decorados por arquerías, atauriques, celosías y cubiertas que favorecen bellos juegos de luz y sombras gracias a la labor de grandes artistas de madera tallada, pintada, yeso y mármol venidos Marruecos y Túnez.
Visitar Ennejma Ezzahra supone imbuirse del universo creativo, del buen gusto y del conocimiento de Rodolphe Barón d’Erlanger. Elementos de la Alhambra y la mezquita de Córdoba son tributados en una perfecta simbiosis con el llamado arte hispanomorisco o hispanotunecino. 
En el estudio del barón, fue dejado un gramófono, diferentes retratos y paisajes tunecinos, lienzos inacabados, pinceles, paleta, bocetos… 
En su hamman o baño personal, el eco del mundo otomano, el relax, el gusto por la sensualidad y el placer de fumar en una larga pipa. En su biblioteca personal, el afán melómano por reunir las mejores publicaciones sobre música árabe de su tiempo y el recuerdo de los cientos y cientos de días que empleó en la producción de su magna obra: “La Música Árabe” que dividida en seis tomos, fue referente para los estudiosos del momento.
En el museo, su colección de instrumentos de África subsahariana donde grabó varios registros en su viaje explotatorio con los tuaregs durante 1929. Y en sus estancias, el eco de su primer maestro de música, Ahmad al-Wafi, (1850-1921) que lo introdujo en el arte de la nawba y el ma’aluf (música tunecina de tradición andalusí)  y con quien organizó conciertos privados de una ensemble de instrumentos tradicionales. La misma ensemble que envió al Primer Congreso Internacional de Música Árabe celebrado en El Cairo en el año 1932.




Estudio y salones del Palacio Ennejma Ezzahra, residencia del Barón Rodolphe d'Erlanger (Sidi Bou Sa'id). Túnez
Nombrado vicepresidente técnico de dicho evento, a instancias del rey Fuad I de Egipto, Rodolphe d’Erlanger trabajó incansablemente pero la muerte le sorprendió a los pocos meses. Su sepultura da una idea de cómo el barón francés se aculturó. 
En el borde del jardín andalusí del palacio, mandó erigir  un pequeño mausoleo o tourba islámica tunecina para albergar sus restos, pero a finales de los ochenta su familia decidió trasladarlos a Suiza.
Hoy su morada, acoge el Centro de Músicas Árabes y Mediterráneas (CMAM), una institución dependiente del Ministerio de Cultura Tunecino, premio Honoris Causa, otorgado por el Consejo Internacional de la Música por la UNESCO. 
Alberga un Museo de Patrimonio musical, el Archivo Nacional de Sonido, que recoge obras discográficas y fonográficas del ma`luf así como registros y material audiovisual de los conciertos y festivales tunecinos que vienen celebrándose aquí y en otras ciudades del país. 
Pero el legado de D’ Erlanger no acaba en lo anteriormente expuesto. También inspiró la creación de la “Rashydiyya” conservatorio  de repertorio andalusí-magrebí, fundado en Túnez 1934, cuando antes de fallecer ya advirtió que el ma’luf perdía pureza por las influencias europeas y las modas egipcias al introducir violines, violonchelos y contrabajos así como coros independientes de voces masculinas y femeninas.
Sea como fuere la Rashidiyya proporcionó así una plataforma de compositores, poetas y cantantes que lanzaron nuevas composiciones difundidas por la Radio Nacional Tunecina (1938) y que propagó e insertó el ma’aluf en la industria musical comercial.  

RERERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
CORTÉS GARCÍA, M. “Escuelas musicales andalusíes y magrebíes: perfiles y sistemas pedagógicos”. Revista del CEHGR . Núm. 23 . 2011. Págs. 31-65 
DAVIS, R,F, Ma`luf. Reflections on the Arab Andalusian Music of Tunisia. The Scarecrow Press. Toronto. 2004. 
MESA LG. “Ma’luf: Introducción a la historia, significado y conservación del legado andalusí-magrebí en la música tunecina”.   Cuadernos de música, artes visuales y artes escénicas. Volumen 6 - Número 2 / Julio - Diciembre de 2011. 
ENLACES A MÚSICA MA'ALUF
https://www.google.es/webhp?sourceid=chromeinstant&ion=1&espv=2&ie=UTF-8#q=malouf+tunisien&tbm=vid

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viernes, 29 de abril de 2016

Debdou. La pequeña Sevilla sefardí.


Debdou se sitúa al borde de una ruta poco conocida de la provincia de Taourirt en la Región Oriental de Marruecos. Su denominación en lengua amazigh “embudo” alude a la peculiaridad de su morfología escarpada entre las montañas y la meseta del Antiatlas. Se extiende entre colinas que alcanzan 1650 metros, al este del río Moulouya y a unos 160 kms de Oujda. 
Encrucijada entre Argelia y Marruecos en las rutas que enlazaban Taza, Fez, Tlemcén benefició la actividad comercial de las familias judías, que convivieron con las autóctonas amazighs hasta tal punto que su asimilación las hizo prácticamente indistinguibles sólo diferenciable por los rasgos de su vestimenta. 

Entre los años 1883-1885, el padre Charles de Foucauld visitó Debdou como parada en su viaje a Marruecos para el que aprendió árabe, hebreo penetrando en círculos exclusivos disfrazado de rabino. En las memorias describe sus casas rosadas al fondo de un vasto valle donde se extendían praderas así como hectáreas de viñedos, olivares, higueras, granados y melocotoneros. Un paisaje familiar con el que pudieron encontrarse los judíos expulsados de Andalucía y Castilla, rabinos y hombres de letras que encontraron refugio en este enclave tan característico.  
 
Vista panorámica de Debdou. Taourirt. Región Oriental de Marruecos.
En 1391 y a causa del pogrom de Andalucía, llegaron a Debdou un número importante de familias judías. El antisemitismo pergeñado desde los púlpitos por Ferrant Martínez, arcediano de Écija, en una animadversión consolidada por los privilegios que habían mantenido los judíos desde tiempos de la conquista cristiana, encontraron en las juderías andaluzas una fuente principal de adeptos. Las candorosas prédicas y soflamas del canónigo, supusieron incluso un primer reprendimiento del rey Juan I hasta ser condenado al destierro por el arzobispo de Sevilla.

A la muerte del prelado, Ferrant  satisfizo sed de venganza con un terrible asalto acontecido durante los primeros días de 1391. Una vez que las casas de los judíos de Sevilla fueron incendiadas y saqueadas, sus autores unieron fuerzas hasta devastar las de otras aljamas. La diáspora les condujo a ciudades castellanas y al Magreb y en Debdou hallaron un hogar donde empezar de nuevo.
Una antigua tradición oral sostiene que los judíos de Debdou procedían de Sevilla y Murcia. Simon Levy, fundador del museo de judaísmo marroquí de Casablanca refiere que los clanes de judíos dominantes o “sebiyanos” fueron  Los Cohen Skalli o Scali o los Marsiano o Morsinao (probablemente derivado del gentilicio “murciano”). A estos primeros sefardíes se atribuye  la denominación de la fuente principal del pueblo, Ain Ishbiliya o fuente de Sevilla.

'Ayn Ishbiliya o Fuente de Sevilla. Debdou
Hay quien cree que  sus aguas poseen propiedades milagrosas y  se cuenta que cuando un día rezaba el rabino sefardí David Hacohen, junto a él, brotó dicho manantial. Luego, en sus alrededores se expandió la mellah o judería de la ciudad que alcanzó  gran relevancia por el alto nivel intelectual y de estudios talmúdicos de sus habitantes.

Catorce sinagogas constataban pues, la fuerte presencia judía siendo hasta el principios del siglo XX, más de la mitad de la población. Dos de ellas siguen en pie y reciben a antiguos residentes que aprovechan para rezar y honrar la memoria de sus antepasados con la visita a los dos cementerios.
Durante el protectorado francés, Debdou llegó a considerarse un crisol étnico y religioso por la diversidad de sus habitantes de origen árabe, bereber, argelino, sefardíes, franceses y judíos marroquíes. Llegó a albergar un tribunal rabínico, una yeshivá, centro de estudios de la Torah y del Talmud, atrayendo a numerosos estudiantes.

Cementerio judío. Debdou.
Dos familias de origen sefardí, los Cohen Skalli y los Marsiano dominaron la ciudad, pudiéndose constatar a través de los registros del cementerio judío que sus sucesores engrosaron la mayor parte de la comunidad. Una de las especialidades artesanales de los judíos de Debdou fue la confección de rollos de la ley por los "sofer" o escribanos, muy apreciados por su caligrafía en todo el reino y por la calidad de los pergaminos utilizados. 

Debdou se convirtió así en lugar de convergencia y simbiosis entre musulmanes y judíos al compartir lugares de culto a través de santos como Sidi Youssef El Hadj y Sidi Bouknadil ambos venerados en la judería o mellah y conocidos por evitar la esterilidad y curar las enfermedades mentales. Junto a ellos figuran rabinos, jueces y cabalistas de origen sefardí como David Hacoen Scali, Aharon Hacoen Sabban o Yoseef Benoughraba.


Judías de Debdou a principios del siglo XX.
El proceso de santificación conllevaba el reconocimiento de una vida virtuosa, ascética, una conducta ejemplar así como poder sobrenatural de hacer milagros postmorten como la curación de las enfermedades y la revelación en sueños que predecían catástrofes.
Conviene recordar que el culto a los santos y santuarios es una práctica mediterránea preislámica que remonta sus raíces en la Edad Antigua.
Aún así puede decirse que por lo que respecta a las peregrinaciones judías, aproximadamente más de cinco mil judíos van cada año a Marruecos para venerar a santos de sus antepasados.
Por otro lado, conocemos las genealogías de los judíos de Debdou gracias a una monografía de E.Marciano, probablemente la más completa hasta la fecha ya que reúne a varios apellidos en torno a cuatro familias: Scali Cohen, Bensoussan, Marciano y Benhamou a través de tablas y otros gráficos. 

Isaac Cohen, un descendiente de la familia sefardí Cohen, de origen sevillano nos cuenta que en 1953 su abuelo abandonó la ciudad rumbo a Israel. Su padre tenía una tienda de comestibles en la que vendía té, ocupándose de su transporte de cajas de madera en camión. 
Uno de los recuerdos más vivos de su infancia en Debdou era la preparación de galletas del Pessah, la Pascua Judía. 
Un mes antes de dicha celebración, las mujeres se reunían sentándose en círculo, hacían la masa de harina con agua y les daban forma circular de unos diez centímetros de diámetro. Luego las dejaban en una tabla para ser llevada al horno que había al lado de la sinagoga Slat Lqohana. A través de este trabajo comunitario, diariamente se preparaban de unas ciento cincuenta o doscientas unidades para cada familia que después se guardaban en cajas de cartón hasta hacerse llegar a cada hogar.


Niños en una calle de Debdou a principios del siglo XX.
Otro recuerdo que Isaac guarda de su infancia era el inigualable sabor del cordero, el cus-cús a la trufa y los garbanzos que acompañaban a los huevos, pollo y tayine. Cuando Isaac creció se trasladó a Oujda y Casablanca pero dejó de regresar a Debdou, localidad que sigue habitando en su subconsciente como también imaginariamente la ciudad de Sevilla.

Debdou queda pues fosilizado en la memoria de sus judíos que añoran su infancia y que forjaron un sincretismo cultural basado en la tolerancia y el encuentro. 
Santones venerados por ambas religiones, sinagogas visitadas por todos los vecinos, actividades comerciales compartidas y una camaradería permanente entre los niños musulmanes y judíos que se refugiaban en casas de unos y de otros para evitar cachetadas por sus diablurías. 
Un universo de retorno y de nostalgia ya que en los años sesenta y setenta los judíos de Debdou acabaron emigrando a Oujda, Melilla Fez, Casablanca e Israel quedando en los ochenta unas cinco o seis familias hasta desaparecer definitivamente. Pero siempre que persista el "zakar", la memoria tendrá en Debdou parada obligatoria que nunca se esfumará.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS. FOUCAULD C. Viaje a Marruecos 1883-1884. José de Olañeta.1998. MARCIANO, E. Une nouvelle Séville en Afrique du Nord:Histoire et généalogie des juifs de Debdou (Maroc). Éditions Élysée (Québec) Canada. 2000. Mémoires juives de l'Oriental marocain.Agence de l'Oriental-La Croisée des chemins. 


Al señor M.Mbarki por revelarme la pequeña Sevilla y por su contribución al desarrollo cultural de la Región Oriental de Marruecos.

©Virginia Luque Gallegos. Todos los derechos reservados. Citar el blog si se toma como referencia. Fotografías.http://debdou.fr/