BIENVENIDO/A

Espacio de relajación y reflexión, el diván tiene sus orígenes en la antigüedad al discurrir a largo de las paredes de las viviendas romanas más acomodadas y constituir en la arquitectura palaciega islámica una estancia privada común para el reposo y el deleite.

"El diván de Nur" viene a ser un lugar virtual para la catarsis que provocan enclaves, historias, vidas, ciudades, sitios y paisajes del mediterráneo.


Una mirada introspectiva, retrospectiva y exploratoria por al-Andalus, el Magreb y la diversidad cultural del Mare Nostrum de una historiadora en permanente búsqueda

lunes, 8 de noviembre de 2010

La ciudad andalusí de los libros

Copia de 1858 del Kitāb Dalāʼil al-jayrāt wa-šawāriq al-anwār fī ḏikr al-ṣalāt ʽalà al-Nabī al-mujtār de Muḥammad b. Sulaymān al-Ŷazūlī (m. 1465). Biblioteca de la Escuela de Estudios Árabes.CSIC Granada.
Decía Averroes que si un músico moría en Córdoba sus instrumentos eran vendidos en Sevilla mientras que si un escritor fallecía en Sevilla sus libros lo hacían en los mercados de Córdoba.

He aquí una curiosa anécdota narrada por el historiador Ibn Said al Magribi
( بن سعيد المغربي‎) que sucedió en el zoco de los libros de "aquella capital de la cultura"


Estuve, (dice el bibliófilo al-Hadrami) una vez en Córdoba y solía ir con frecuencia al mercado de libros por ver si encontraba en venta uno que tenía vehemente deseo de adquirir.


Un día, por fin apareció un ejemplar de hermosa letra y elegante encuadernación. Tuve una gran alegría.

Comencé a pujar; pero el corredor que los vendía en pública subasta se revolvía hacia mí indicando que otro ofrecía mayor precio. Fui pujando hasta llegar a una suma exorbitante, muy por encima del verdadero valor del libro bien pagado.

Viendo que lo pujaban más, dije al corredor que me indicase la persona que lo hacía, y me señaló a un hombre de elegante porte, bien vestido, con aspecto de persona principal.
Me acerqué a él y le dije: “Dios guarde a su merced. Si el doctor tiene decidido empeño en llevarse el libro, no porfiaré más. Hemos ido ya pujando y subiendo demasiado”. A lo cual me contestó: “Usted dispense, no soy doctor".
"Para que usted vea, ni siquiera me he enterado de qué trata el libro". Pero como uno tiene que acomodarse a las exigencias de la buena sociedad de Córdoba, se ve precisado a formar biblioteca. En los estantes de mi librería tengo un hueco que pide exactamente el tamaño de éste libro , y como he visto lo demás, ni siquiera me he fijado en el precio.

"Gracias a Dios me sobra dinero para esas cosas”.


Al oir aquello me indigné, no pude aguantarme y le dije: “Sí, ya, personas como usted son las que tienen dinero. Bien es verdad lo que dice el proverbio: Da Dios nueces a quien no tiene dientes. Yo que sé el contenido del libro y deseo aprovecharme de él, por mi pobreza no puedo utilizarlo.”


De Al-Mugrib fī ḥulā al-Magrib.